Teoría del Proceso Oponente

Richard Solomon propuso la teoría del proceso oponente para explicar cómo las emociones intensas no ocurren de forma aislada, sino como parte de una secuencia dinámica de respuestas opuestas. Según su planteo, cada vez que el organismo experimenta una emoción fuerte (llamada proceso A), como el miedo, el placer o la tristeza, automáticamente se desencadena un proceso opuesto (proceso B), que actúa para restablecer el equilibrio emocional. Este proceso B suele ser más débil y más lento al principio, pero con la repetición de la experiencia emocional, se fortalece, aparece más rápido y puede incluso convertirse en la motivación principal para repetir la experiencia. Por ejemplo, una persona que salta en paracaídas puede sentir miedo intenso al principio (proceso A), seguido de un alivio o euforia profunda al aterrizar (proceso B). Con la repetición, el miedo disminuye y la euforia se intensifica, al punto que la persona busca saltar no por el miedo inicial, sino por el placer que viene después. Solomon aplicó este modelo para explicar fenómenos como la tolerancia a las drogas, el duelo, la habituación emocional, las adicciones y muchas formas de motivación compleja, sosteniendo que el proceso oponente era una propiedad universal del sistema nervioso.

Desde el análisis conductual, este fenómeno puede ser entendido sin recurrir a procesos internos hipotéticos. Lo que Solomon llamó proceso A puede analizarse como un estímulo aversivo que altera la conducta inicial del organismo, mientras que el proceso B representa un cambio en el ambiente que actúa como reforzador. La clave no está en la existencia de un “proceso interno oponente”, sino en el hecho de que el organismo experimenta un contraste entre dos estímulos: uno aversivo seguido de uno neutral o positivo. Este cambio —el tránsito de malestar a bienestar— puede actuar como reforzador de la conducta que produjo o permitió ese tránsito. Si ese patrón se repite, la conducta se fortalece. Por ejemplo, el salto en paracaídas puede mantenerse no porque el salto en sí sea placentero, sino porque produce una secuencia en la que el miedo inicial desaparece y es reemplazado por alivio o placer, y ese contraste se vuelve funcionalmente reforzante. Así, el análisis funcional permite explicar el mismo fenómeno observado por Solomon como una cadena de estímulo, respuesta y consecuencia, donde lo que mantiene la conducta no es una emoción interna o un proceso oponente fisiológico, sino el reforzamiento diferencial producido por el cambio de estado emocional. En resumen, el proceso oponente puede entenderse como un caso particular de reforzamiento por contraste de estímulos, sin necesidad de apelar a mecanismos internos inobservables.

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