Decremento por Generalización

El decremento por generalización es un fenómeno en el que una conducta que ha sido reforzada en presencia de un estímulo específico se emite con menor intensidad o frecuencia cuando se presentan estímulos similares pero no idénticos. Es decir, una vez que una conducta ha sido fortalecida por sus consecuencias en un contexto determinado, esa misma conducta puede aparecer ante otros estímulos parecidos, aunque su probabilidad disminuye a medida que esos estímulos se alejan en sus características del estímulo original. Esta disminución gradual en la fuerza de la respuesta se denomina decremento por generalización. No es que el organismo deje de responder por completo ante estímulos nuevos, sino que responde con menos fuerza porque esos nuevos estímulos no han sido correlacionados de forma precisa con el reforzamiento. Así, un estímulo que comparte muchas propiedades con el estímulo discriminativo original tenderá a evocar una respuesta fuerte, mientras que otro con menos similitud generará una respuesta más débil o ninguna. Este patrón muestra cómo los organismos ajustan su comportamiento con sensibilidad al ambiente: no responden por igual a todo, pero tampoco necesitan un aprendizaje completamente nuevo para cada situación distinta. Generalizan, pero con una gradación. Y esa gradación en la respuesta es lo que el decremento por generalización permite describir con precisión. Este principio es clave para entender cómo se da la transición entre una conducta generalizada y una conducta discriminativa, y cómo se requiere a veces reforzamiento diferencial para moldear respuestas más específicas frente a estímulos más estrechamente definidos. En suma, el decremento por generalización muestra que el comportamiento no se copia mecánicamente a cada nueva situación, sino que se modula con elegancia y economía conductual.

Experimentos

  1. Guttman y Kalish (1956) – Discriminación de colores en palomas

Este es uno de los experimentos más citados cuando se habla de generalización. Se entrenó a palomas para picotear un disco iluminado con una luz de un color específico (por ejemplo, luz amarilla de 580 nm). Cada vez que picaban bajo esa luz, recibían comida. Una vez que la conducta estuvo bien establecida, se presentaron luces de otros colores, variando en longitud de onda hacia ambos lados del espectro. Lo que se observó fue que las palomas seguían picando con luces parecidas, pero la tasa de respuesta disminuía progresivamente a medida que el color se alejaba del original. Esa disminución —el descenso suave en la frecuencia de respuesta— es un ejemplo limpio y elegante de decremento por generalización. El “pico” máximo estaba en el color reforzado, y los colores adyacentes generaban respuestas más débiles.

  1. Honig y Urcuioli (1981) – Generalización de respuestas con estímulos visuales

En este experimento, palomas fueron entrenadas a discriminar entre estímulos visuales proyectados en una caja operante: líneas verticales versus líneas horizontales. Por ejemplo, picar cuando aparecían líneas verticales producía reforzamiento, pero no cuando aparecían horizontales. Luego, se les presentaron líneas en distintos ángulos: 15°, 30°, 45°, etc. Las palomas respondían más ante los ángulos más cercanos a los reforzados, pero a medida que el ángulo se alejaba del estímulo original, las respuestas disminuían, mostrando nuevamente un patrón de decremento por generalización. Aquí lo interesante es cómo el estímulo controlaba la conducta de forma muy específica, y cómo esa especificidad se diluía con la variación del estímulo.

  1. Jenkins y Harrison (1960) – Control estímulo en discriminación auditiva

Este experimento se realizó con palomas, entrenadas para responder a un tono puro de cierta frecuencia (por ejemplo, 1000 Hz). Cuando el tono sonaba, podían picotear para obtener comida. Luego se presentaron tonos de otras frecuencias (por ejemplo, 900 Hz, 800 Hz, 700 Hz, etc.), pero sin reforzamiento. Al medir la tasa de respuesta ante cada uno, se observó un patrón claro: las respuestas eran más frecuentes ante frecuencias cercanas a la original, pero disminuían gradualmente a medida que el estímulo auditivo se alejaba. Este es un ejemplo clásico de generalización auditiva con decremento, que demuestra cómo el control del estímulo sobre la conducta operante es gradual, no absoluto.

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